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miércoles, 2 de marzo de 2016

1 de marzo de 2016 CONGRESO: POCA GENTE, POCAS PALABRAS, POCAS LUCES -"El discurso de apertura de sesiones del bailarín desacompasado Maurizio, no fue una pieza de una profundidad y entidad como para ser recordada " - "Y que reza: "la culpa de todo de aca a 2017, la tiene la yegua". Con ello, los ceocratas quieren comunicar que era totalmente necesario devaluar bestialmente un 60%, para padecer los niveles de inflación trimestral más altos del último cuarto de siglo."

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1 de marzo de 2016

CONGRESO: POCA GENTE, POCAS PALABRAS, POCAS LUCES



El discurso de apertura de sesiones del bailarín desacompasado Maurizio, no fue una pieza de una profundidad y entidad como para ser recordada en claustros analíticos de la ciencia política, sino más bien en ámbitos más proclives al pensamento ramplón y hasta voluntarista mágico.
Se trata de un estadista de escaso nivel oratorio y léxico de poco más de unas mil palabras, que para peor turbadamente lee dos veces el mismo párrafo, antes de ser advertido por algún colaborador.  
Sus primitivos fraseos bucearon en enunciados de buenas intenciones, y sobre todo ahondaron en la victimización por la herencia recibida.
Buscaron los guionistas de este libelo (obviamente no lo escribe el infra-estadista. Ni una sola oración unimembre) construir una suerte de relato amarillo, a tono con lo que exigen los editorialistas de la prensa que apoya “el cambio” por un flujo de efectivas razone$. 
Y que reza: "la culpa de todo de aca a 2017, la tiene la yegua".
Con ello, los ceocratas quieren comunicar que era totalmente necesario devaluar bestialmente un 60%, para padecer los niveles de inflación trimestral más altos del último cuarto de siglo. 
Recuérdese que a poco de llevarse a cabo la primera vuelta de las elecciones pasadas, que pusieron como favorito para el balotaje al candidato neonoventista, su vocero económico Alf Prat Gas, boconeó que: “los precios ya están adecuados a un dólar de 15 pesos”. Matemáticamente a partir de allí, se inició una alocada carrera empresarial para amoldar todo precio a un dólar recontraalto, en especial los de la canasta básica alimentaria.
Por otra parte, ayer se difundió el leonino pacto con los buitres, presentado por el relato macrista  como “un heroico acuerdo con los hold outs”.
 Sólo en narrativa yellow, semejante genuflexión de transar pagos con delincuentes financieros internacionales en términos tan gravosos para el país, puede ser presentado como un logro.
 A la vez que, con total cara de fierro se denuesta la quita de deuda más grande de la historia, lograda durante los años K, y que fuera  del 65% del total reclamado, aceptado por nada menos que el 93% de los acreedores de la Argentina.
Empero, según la cháchara de los neonoventistas, el sobre pago exponencial a los buitráceos, nos permitirá endeudarnos “a bajo costo”, y merced a ello “crear millones de puestos de trabajo”.
Desafía este relato simplón, la propia experiencia del antecesor ideológico del macrismo: el menemo-cavallismo. 
En efecto, durante los 90, la administración que conducian Caylos de Anillaco y su calvo superministro, gozó de los benefícios de estar “integrados al mundo”, teniendo a su disposición una canilla ilimitada de créditos externos, que recién se cortaria en el delarruato, con las consecuencias por todos conocidas. Además Caylos y Domingo Felipe, en su praxis market friendly extrema, se ocuparon de flexibilizar leyes laborales y bajar aportes patronales. 
No obstante ello, los resultados no fueron óptimos para el empleo, toda vez que año a año el menemismo fue subiendo sus tasas de desocupados. Llegando a un inédito hasta ese momento, 18% en 1994, que luego bajaría un tanto, para recrudecer otra vez a partir de 1998.  
Tendrán que esforzarse entonces, los encargados de dibujar el marketing comunicacional de este cambio en reversa, para que la sociedad exculpe a un Mauricio danzarín de los tarifazos que retroalimentarán la de por sí alta tasa de inflación. 
Y sobre todo, para que no sea responsabilizado por las consecuencias de aplicar añejo recetario liberal ya fracasado. 
El que sostiene que no importa deprimir salarios y consumo interno, porque la exportación y las míticas inversiones extranjeras vendrán a salvarnos de la recesión.
No sucederá y menos en este contexto internacional.
Lo único que le faltaría a Balcarce sería que el votante macrista promedio -al que hoy ni se le pasó por la cabeza ir a Plaza Congreso- comience a añorar tiempos pasados.
“Al final con De la Rúa estábamos mejor. La economia no crecía igual que ahora... pero por lo menos no había inflación”.

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